Pedro Luis Martín Olivares: La polémica: The Last of Us Part II

Algunos videojuegos no precisan de una buena historia para triunfar, otros en cambio sustentan su conjunto sobre una sólida base argumental logrando de esta forma definir su principal atractivo e incluso su elemento clave para convertirse en un éxito. Este fue el caso de The Last of Us en 2013, la historia de Joel y Ellie.
Este detalle, para bien y para mal, argumento y protagonistas, en ocasiones marcan la diferencia convirtiéndose en la espina dorsal que sostiene todo. Prueba a desmontar por partes el primer The Last of Us, imagina al mismo tiempo durante un instante que tuviera otro argumento, una historia menos elaborada, más insulsa quizá; el resultado final sería distinto. Sobre la mesa tendríamos un título de acción en tercera persona entretenido con un buen apartado técnico, tremendamente guiado y repetitivo en algunos casos, con un control correcto que no inventa nada nuevo e incapaz de profundizar demasiado en ninguna de las mecánicas que ofrece.
Naughty Dog finalmente ha regresado con The Last of Us Part II y muchos siguen asimilando la decepción que esto ha supuesto en términos argumentales, generando incluso una campaña de recogida de firmas en Change.org para solicitar que se modifique la historia del juego. Cuando esto sucede, que no es la primera vez que ocurre en el mundo del videojuego, probablemente hay algo que no se ha hecho del todo bien. Los creadores no deberían ignorar ese valioso feedback, ya que posiblemente esos jugadores molestos representan la opinión de su público más fiel. En el momento que escribo estas líneas son ya…. peticiones.
Han sido siete largos años esperando la continuación de una historia con una importante carga emocional que logró calar profundamente entre los jugadores. Cuando has conseguido algo así, la responsabilidad que se adquiere a la hora de regresar para seguir contando ese relato es aún mayor. La historia de una relación que sin duda merece una continuidad o desenlace a la altura de las expectativas que generó la primera aventura con su final abierto y las importantes decisiones que se tomaron en ese momento. Muchos jugadores consideran firmemente que toda esa emoción, esa afinidad y el sentimiento que consiguió despertar The Last of Us ha dejado de importar y ha sido completamente fulminado en favor de una historia de amor lésbico de escaso interés.
Sin ánimo de ofender a ciertos colectivos, el potente enfoque LGBT que presenta The Last of Us Part II, incluso ciertas inclinaciones políticas que se plasman, para una inmensa minoría sustituyen torpe y erróneamente a la interesante línea argumental que iniciaba el primer juego, donde conocíamos parte del pasado de los dos protagonistas y la relación que surge entre ambos durante la partida, un elemento argumental de gran potencial que ha sido desaprovechado para sorpresa de muchos.


Todos los que han ido siguiendo el desarrollo del juego hasta su salida han sido conscientes en todo momento del protagonismo que iba tomando Ellie en este segundo episodio, así como la aparente e inexplicable relevancia de su orientación sexual dentro de la trama del juego. Llegados a este punto, a todos aquellos que se sorprenden de que muchos expongan su desacuerdo con el rollo que ha tomado el juego, tachándolos incluso de homófobos e intolerantes, me gustaría poder decirles que estos jugadores y fans descontentos también tienen todo el derecho del mundo a expresar su opinión y desacuerdo si la historia no es de su agrado, siempre desde el respeto, claro está. Incluso, si les da la gana, pueden ponerse a su nivel alegando que han prescindido de Joel de una forma cutre y abrupta por ser la figura protagonista heterosexual para sustituirla en favor de un personaje femenino y su historia de amor homosexual adolescente.
Sin duda The Last of Us Part II es otro portento de esta generación a nivel tecnológico, un videojuego muy bien diseñado que ha cosechado en términos generales grandes halagos por parte de la crítica. Pero también es justo destacar que Naughty Dog apuesta sin miramientos por una línea argumental más sensacionalista, una maniobra (de las muchas que vemos en esta industria comercializada hasta las trancas) que sirve para contentar al momento y las circunstancias actuales, llamar la atención para ganarse el favor y la aprobación mediática del gran público más allá del mundo del videojuego, metiéndose sin dudarlo en otros temas que quizá nunca debería explorar el videojuego a ciertos niveles, posiblemente porque no los necesita y pueden llegar a corromperlo cuando se convierten en política o intereses.
Muchos ya lo catalogan como obra maestra y me ha llamado la atención que algún redactor lo haya calificado como “valiente” y yo me pregunto: ¿y qué lanzamiento de un videojuego al mercado no lo es? El hecho de que la historia de un videojuego ensalce la orientación sexual de un protagonista no debería hacerlo mejor ni diferente, de hecho siempre ha sido un detalle que ha carecido de interés en este medio, no es un requisito y si me apuras no es necesario en absoluto. Últimamente se empeñan en vendernos esto, la importancia de las relaciones de todo tipo en los videojuegos, con la excusa de que el medio ha avanzado mucho y ahora pueden y deben integrarse en ellos. Sinceramente, opino que las relaciones sentimentales y la orientación sexual de cada uno deberíamos dejarlas sobre todo para la realidad y cuando juguemos a videojuegos, pues eso, simplemente juguemos. Y si alguien decide plantear e integrar este elemento en un videojuego, pues bien, pero compañías, estudios, crítica, jugadores y demás colectivos implicados deben tener en cuenta que TODOS, independientemente de su género e inclinación sexual, tienen derecho a verter su opinión al respecto.
A nivel personal puedo decir que técnicamente me ha parecido una maravilla pero con la historia han querido arriesgar y no ha salido bien. No es por el hecho de que hayan matado a Joel y salga a relucir sin tapujos la orientación sexual de Ellie, tomando además el relevo como protagonista. El giro que se produce en la narrativa y la forma de contar la historia hacen que el sacrificio de uno de los protagonistas como valioso recurso dramático se quede a medio gas, pero no solamente eso, también se termina desperdiciando al personaje de Ellie y una historia de venganza que por lo menos debería haber estado a la altura del primer juego, objetivo que desde luego no se ha conseguido esta vez con The Last of Us Part II.
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